lunes, 23 de mayo de 2011

vortex

El mundo, de repente,
se ha llenado de dolor.

Dolor de hueso calcinado,
despojado de amor.

Y tu voz amputada
se me acerca inutilemente.

Quiere engraciarse, volver
a entrar en mi. Y ya no puede.

He visto el odio mudo
que hay detrás de tu frente.

No sabes perdonar: incluso
tu compasión me hiere.

Todo en el mundo de repente
se entristece.

El viento ha vuelto su espalda
a quien padece.

La esperanza es un absurdo
que se desvanece.

Miren a donde miren los ojos,
la oscuridad los envuelve.

Amortajada en vida, la mirada.

Las manos, maniatadas, y la boca
atenazada.

Y yo
figura enmudecida que cuelga
de una nube, en una plaza

mientras la gente mira
sin saber de dónde procede nada,
ni la muerte
ni las lágrimas.

Por un horizonte de plomizas aguas
los barcos negros pasan.

El mar que no tienen nada
que ver con nadie, se abalanza
contra las rocas negras, ávido de suicidio.

No quiere estar: Lo mismo
desean mis púpilas ahítas
de nostalgia
por alegrías pasadas:
quedarse yertas a la sombra de los párpados
cerrados pora siempre, que descansan
de las mentiras y la rabia.

Quedarse
como una barca quebrada,
una barca que no sirve para nada,
desgüazada en el agua.

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